Dimensión metropolitana de la globalización

Dimensión metropolitana de la globalización: Lima a fines del siglo XX

The spatial transformation of Metropolitan Lima represents an important case study because of the dramatic changes in places where people work, live, and play and the relationships among them. This case study sketches important elements to be considered in the development of metropolitan regions, which are expanding their international links. This article includes also a conceptual review of metropolitan spaces and networks, as well as an empirical assessment of the reorganization of metropolitan activities and networks in Lima, which have been driven by the ability of local actors to tap international capital and information.—Miriam Chion.


La transformación espacial de Lima Metropolitana representa un estudio de caso de especial importancia debido a los dramáticos cambios habidos en los lugares de trabajo, de vivienda o de entretenimiento, y las relaciones entre ellos. Este estudio esboza elementos importantes a considerar en el desarrollo de otras regiones metropolitanas cuyas conexiones internacionales están en expansión. Este artículo incluye además una revisión teórica sobre espacios y redes urbanas, así como una evaluación empírica de la reorganización de actividades y redes metropolitanas en Lima, las que se han desarrollado en función a la habilidad de actores locales para captar capital e información internacional.
Palabras clave: Perú, Lima, desarrollo metropolitano, desarrollo regional, desarrollo económico, economía internacional.
1. Introducción
El proceso de reestructuración económica global de fines del siglo XX ha incorporado tanto regiones altamente industrializadas como también regiones en condiciones marginales a la economía global, como es el caso de Lima Metropolitana. La atracción de flujos de capital, comercio, e información internacional no sólo ha dependido de políticas centrales macroeconómicas sino también de múltiples actores locales con capacidad de organización e innovación para captar estos flujos y articularlos a nivel local; tal es el caso de la elite ejecutiva que impulsa el desarrollo del nuevo distrito financiero o las empresas informales de confección que expanden exponencialmente el distrito de confecciones. La convergencia de redes globales y locales ha desencadenado la emergencia de nuevos actores económicos, así como cambios en los procesos industriales y en las relaciones entre trabajadores e inversionistas. Estos cambios han contribuido a desdibujar las fronteras entre las economías formal e informal y a incrementar la diversidad social en los espacios de producción y consumo, al mismo tiempo que han acentuado la segregación en las áreas residenciales.
Estos procesos económicos y sociales se traducen en una nueva organización espacial metropolitana. El único centro metropolitano de múltiples actividades que Lima mantuvo por muchas décadas se ha desdoblado en múltiples centros especializados y redes de actividades informacionales, industriales, comerciales y culturales. Estos centros han generado una alta densidad de actividades y flujos de capital e información, creando una nueva jerarquía espacial metropolitana.
Esta investigación se basa en estudios existentes sobre ciudades en el contexto de reestructuración económica global y en el análisis empírico sobre Lima Metropolitana. El propósito principal es indagar sobre las condiciones bajo las cuales las regiones menos industrializadas participan en la economía global, así como los procesos sociales y económicos metropolitanos que establecen nuevas formas de organización espacial.
2. Reflexiones sobre espacios urbanos, redes globales, y redes metropolitanas
La literatura existente sobre ciudades globales constituye un punto de partida para la identificación y definición de redes metropolitanas como elementos importantes en el proceso de transformación espacial en Lima Metropolitana. Esta literatura presenta diferentes puntos de vista sobre el espacio urbano y sobre la incidencia de la expansión de redes globales de producción e información en este espacio urbano, especialmente en la organización de actividades urbanas y el desarrollo de centros metropolitanos.
2. 1. Reconfiguración de ciudades y espacios urbanos
Muchos investigadores urbanos coinciden en que las ciudades han experimentado cambios trascendentales en el contexto de la restructuración económica global. Sin embargo, mientras algunos autores describen estos cambios como parte de un proceso continuo de desarrollo industrial, otros proponen la reconfiguración del espacio urbano dentro de lógicas distintas a la de los procesos anteriores de industrialización. Dentro de los primeros, Hall (1990) argumenta que las funciones de las ciudades globales, definidas como el movimiento e intercambio de bienes y el control del estado nacional, fueron las mismas en los años ‘50 que en los ’90, pero con un peso relativo diferente. De acuerdo a Hall, las ciudades globales están experimentando cinco procesos paralelos. Dos de estos procesos empezaron casi a principios del siglo XX: el desgaste de los gremios tradicionales y la trasformación del sector manufacturero de capital intensivo. Los otros tres procesos más recientes incluyen la contracción del sector de transporte y distribución de bienes a gran escala, el crecimiento de los servicios para los productores o sector de procesamiento de información y un aumento del sector de servicios al consumidor de consumo conspicuo. Desde una perspectiva similar, Sassen (1991 y 1994) propone que las ciudades globales son lugares claves para finanzas y firmas de servicio especializados, sitios de innovación en industrias líderes y mercados para los productos e innovaciones producidas. Las ciudades globales emergen como centros de control y administración en el proceso de expansión territorial de actividades económicas dentro de la economía global.
A diferencia de estos enfoques de ciudades globales, confinados territorialmente y construidas jerárquicamente, Castells (1996) propone un enfoque definido por los flujos de información y redes. El espacio de flujos está, pues, descrito en base a tres niveles. El primer nivel está constituido por circuitos de impulsos electrónicos, procesamiento informático y el transporte de alta velocidad, los cuales forman la base material de la sociedad informacional. El segundo nivel está compuesto por lugares que constituyen los nodos integrados en una red, tales como Londres, Tokio, Nueva York, Zurich, Milán y Hong Kong, cada uno de los cuales desempeña diferentes funciones en la red financiera global. El tercer nivel representa la organización espacial de las elites dominantes que determinan la actual forma de dominación en la sociedad, donde la capacidad de organización de estas elites es paralela a su capacidad para desorganizar el resto de la sociedad.
Massey (1994) también propone una revisión del concepto de espacio, y argumenta que "lo espacial puede ser visto como algo construido a partir de una multiplicidad de relaciones sociales a través de todas las escalas espaciales, desde el alcance global de las finanzas y telecomunicaciones, pasando por la geografía de los tentáculos de poder nacional, hasta las relaciones sociales dentro del pueblo, el asentamiento, el hogar y el lugar de trabajo". Esta autora afirma que los lugares en el contexto global están definidos no sólo por la movilidad de la población, sino también por el poder de la población en relación a los flujos y el movimiento. Algunos grupos sociales inician flujos y movimientos, otros los reciben y otros están restringidos por ellos. Massey propone una definición de ciudades como lugares de encuentro, como "momentos articulados en redes de relaciones sociales" sin restricciones de territorio o tiempo específico.
Estos dos últimos enfoques asumen una perspectiva diferente en la cual las ciudades no son objetos, sino procesos. Estos autores no sólo analizan un nuevo fenómeno, sino también explican la relación entre espacio y tiempo en la configuración de ciudades que participan en el proceso de globalización. No proporcionan una definición explícita de la ciudad global, sino más bien un entendimiento de la nueva lógica espacial y el complejo proceso de desarrollo territorial.
2.2. Configuración de redes en el espacio metropolitano
Sobre la base de estos estudios y las observaciones propias sobre Lima Metropolitana, se puede inferir que la economía global ha establecido un proceso de creciente interdependencia entre ciudades, un proceso que debe ser entendido en el contexto de una red global urbana. La complejidad social del fenómeno de globalización y por consiguiente la complejidad espacial demanda una evaluación de las ciudades más allá del limitado concepto de aglomeraciones territoriales individuales.
Esta investigación propone la emergencia de una estructura de regiones metropolitanas organizada alrededor de redes especializadas en funciones urbanas específicas que conectan los múltiples centros metropolitanos. En esta organización espacial emergente, los lugares no están simplemente definidos por la acumulación de recursos, sino también por los flujos de transacciones financieras y de intercambio de información, así como por la habilidad para atraer una fuerza laboral capacitada y visitantes. Por consiguiente, el análisis del espacio metropolitano deja de tener un foco solamente territorial concentrado en lugares y más bien se concentra en la interacción entre lugares.
Dentro de este contexto, y para el análisis de las recientes transformaciones en Lima Metropolitana, las redes metropolitanas se definen en base a cinco elementos esenciales: (1) flujos de información, capital, y población para la producción de servicios y productos especializados; (2) relaciones de confianza basadas en relaciones personales que facilitan las transacciones en el proceso de toma de decisiones y procesos de producción; (3) intercambio de conocimientos sobre producción y procesos políticos, así como sobre sus actores principales; (4) desarrollo de reglas de participación formales e informales; y (5) apoyo material para el movimiento de capital, información y población, incluyendo sistemas de transportes y telecomunicaciones.
El efecto de estas redes en el espacio metropolitano depende del grado de movilidad de capital, información y población a través de estas redes, y de la capacidad de organización e innovación de los actores locales. El grado de movilidad de capital e información a través de estas redes locales y globales define las posibilidades de expansión económica. A mayor movilidad, mayores son las posibilidades de integración de los procesos de producción y los actores en distintos sectores industriales, barrios y regiones. La habilidad de los actores locales para captar flujos globales y articular éstos a las redes metropolitanas puede incrementar las posibilidades de desarrollo. Sin embargo, altos niveles de movilidad y participación en las redes globales no pueden generar desarrollo, a no ser que los actores locales tengan conocimiento y control sobre la generación y distribución de los flujos de capital e información.
Dentro de la región metropolitana, la conexión a las redes determina la jerarquía de poder de los diferentes actores locales y lugares. Los centros metropolitanos más prominentes tienen el mayor grado de conexión a las redes metropolitanas y globales. Los principales negocios, instituciones y la elite ejecutiva internacional en estos centros metropolitanos no sólo participan de estas redes, sino también tienen control sobre la distribución de capital e información. Un segundo nivel de conexión a las redes incluye centros metropolitanos más pequeños, así como pequeñas empresas y trabajadores temporales. Ellos tienen la posibilidad de integrarse a redes de actividades como receptores de información y recursos, pero no tienen control sobre la distribución de capital e información. Un tercer nivel incluye la gente y los lugares que establecen conexiones muy débiles con estas redes o que no llegan a conectarse, como la fuerza laboral no educada o barrios pobres periféricos, quienes tienen acceso muy limitado a empleo y capital, enfrentan condiciones de vida y trabajo inferiores y tienen oportunidades muy limitadas para participar en el proceso de desarrollo.
3. Crisis y recuperación económica del Perú en los años ‘90
A mediados de los años ‘90, Lima Metropolitana rompió su aislamiento de la economía global y retomó su participación en las redes globales bajo cuatro condiciones específicas: el proceso de estabilización política, la implementación de políticas económicas que favorecían inversiones internacionales, la disponibilidad de capital social y económico y las mejoras en transporte y telecomunicaciones. Estos cambios políticos y económicos tuvieron una incidencia concreta en la reorganización de actividades urbanas y su configuración espacial.
En los años precedentes a 1992, Perú experimentó un período de devastadora crisis económica sumada a los niveles más altos de violencia política en la historia del país. En 1988, las reservas nacionales experimentaron un balance negativo. Entre 1987 y 1992, la producción nacional experimentó una caída del 22%. En 1990, la tasa de inflación anual estuvo por encima del 7.600%. Las condiciones de pobreza se expandieron, alcanzando más de la mitad de la población, y la epidemia del cólera causó miles de muertes en los segmentos más pobres de la población (INEI, 1997a y 1997b; Iguíñiz, 1998; Crabtree & Thomas, 1998). Durante este período, Perú fue además marginado por las grandes instituciones financieras internacionales como consecuencia de la iniciativa del Presidente Alan García de limitar los pagos de la deuda externa para amortiguar el impacto devastador que ésta estaba teniendo en los países latinoamericanos.
Después de 1992, Perú empezó a experimentar un rápido crecimiento económico, así como un crecimiento en comercio internacional e inversiones extranjeras, producto en gran parte de la reducción de los niveles de violencia y la implementación de drásticas políticas macroeconómicas. La producción nacional incrementó en un 43% entre 1992 y 1998, y en 1994 alcanzó el 13%, una de las tasas de crecimiento más altas en muchas décadas, y una de las más altas a nivel mundial. Entre 1990 y 1994, la tasa de inflación anual declinó del 7.600% al 20%. Entre 1990 y 1997, las exportaciones se duplicaron y las importaciones se triplicaron. Para poder participar en los mercados internacionales, el gobierno peruano tuvo que hacer concesiones especiales para proteger a los inversionistas extranjeros y facilitar el comercio internacional. En 1994, el estado de aislamiento había sido superado y las tendencias económicas sugerían que el país se había reincorporado a la economía global. Estos dramáticos índices de crecimiento económico de mediados de los años ‘90 no se tradujeron necesariamente en una mejora en la calidad de vida de las mayorías. Sin embargo, los sectores que se llegaron a embarcar en este proceso de crecimiento económico durante este período no fueron exclusivamente los sectores económicos y poblacionales tradicionales. Nuevos actores, lugares y sectores económicos se embarcaron en este proceso de cambio, aunque sólo algunos de éstos llegaron a iniciar un proceso de desarrollo sostenido.
4. Actividades urbanas y redes en Lima metropolitana
Dentro del contexto nacional, Lima Metropolitana representa gran parte de la población y de la economía de Perú. A fines de los años ‘90, Lima Metropolitana concentraba un tercio de los 23 millones de habitantes en el país, la mitad del producto bruto interno (PBI) y tres cuartos de su infraestructura de telecomunicaciones (INEI, 1997a y 1997b). Este proceso de centralización se agudizó en los últimos 50 años, período en el cual la población de Lima Metropolitana aumentó diez veces, a pesar de su inadecuada ubicación en un desierto árido en la costa central de Perú. La mayoría de este crecimiento urbano ocurrió durante los años ‘60 y ’70, cuando la migración desde otras regiones del país se intensificó.
Por siglos, la organización espacial de Lima Metropolitana estuvo basada en un solo centro, el Centro Histórico, que cumplía funciones múltiples que servían a la mayoría de los barrios. La centralización del país se replicaba dentro de su capital. Situado en el extremo norte del casco urbano original, adyacente al río Rímac, el Centro Histórico ha sido sede principal de las funciones de gobierno. El Centro Histórico articulaba la ciudad a través de una estructura radial metropolitana. Estaba rodeado por dos anillos concéntricos: un anillo interno definido por la antigua área urbana consolidada y un anillo externo definido por los barrios periféricos.
En el extremo oeste de la antigua área consolidada se encuentran el puerto y el aeropuerto internacional, conectados con el Centro Histórico a través del más importante corredor industrial. La zona residencial de clase media y alta tradicional, incluyendo los distritos de Miraflores y San Isidro, está ubicada al extremo suroeste de la antigua área consolidada, y está conectada con el Centro Histórico a través de la autopista principal de la ciudad.
Los barrios periféricos son, principalmente, el resultado del crecimiento urbano de los últimos 30 años, cuando la población de la ciudad aumentó aceleradamente y rebasó la capacidad del área consolidada. Esta expansión urbana, basada predominantemente en toma de tierras y autoconstrucción, fue paralela a la expansión del sector informal que emerge como alternativa de empleo para este gran sector de la población. Después de algunas décadas, muchas de estas barriadas se han convertido en barrios periféricos consolidados, con infraestructura, servicios y negocios adecuados, pero otras permanecen aún en condiciones muy pobres y con infraestructura limitada. Todas las barriadas en conjunto ocupan cerca de un tercio del área metropolitana.
Durante los años ‘70 y ‘80, el Centro Histórico entró en un proceso de deterioro en su configuración física y económica que resultó en el desplazamiento de muchos negocios e instituciones al nuevo y moderno centro metropolitano en Miraflores, y a centros distritales en el resto de la ciudad. Estos centros distritales servían a sus barrios y replicaban hasta cierto punto las funciones múltiples que se realizaban en el Centro Histórico, pero a una escala más pequeña. Seguían la estructura jerárquica social y económica de los barrios de la ciudad: los barrios de altos ingresos desarrollaron centros más grandes con una amplia gama de negocios, servicios e instalaciones urbanas; los barrios de menores ingresos desarrollaron centros más pequeños con menos servicios. Este patrón de organización espacial metropolitana cambia en los años ‘90 como resultado de la reorganización de actividades que se describe a continuación.
4.1. Actividades informacionales
Hoy en día, las actividades informacionales constituyen uno de los componentes más importantes de las economías urbanas y del desarrollo. Estas actividades, principalmente ubicadas dentro del sector terciario o de servicios, concentran las empresas e instituciones que se dedican a la producción o procesamiento de información así como a la toma de decisiones, incluyendo entre otras las empresas financieras, sedes corporativas, servicios profesionales, consultorías y agencias de gobierno.
Durante los años ‘90, la expansión de estas actividades en Lima Metropolitana aparece relacionada al crecimiento económico acelerado conectado a inversiones y comercio internacional, así como a la disponibilidad de una fuerza laboral calificada. Las actividades informacionales establecen la infraestructura institucional y física que permite la participación de empresas e instituciones en el ámbito internacional. La expansión de estas actividades se hace evidente en el crecimiento de la inversión extranjera dentro de ciertos sectores, la expansión de la bolsa de valores de Lima y la expansión y diversificación del comercio internacional.
Entre 1990 y 1997, la inversión extranjera en el Perú se cuadriplicó. Pero un factor aun más importante que el nivel total de crecimiento fue la distribución de estas inversiones por sectores económicos, donde se identifica el mayor crecimiento en los sectores relacionados a las actividades informacionales. El sector financiero creció seis veces y el sector de energía, comunicaciones y transporte más de 500 veces (el crecimiento exponencial de este último se explica en gran parte por la compra de la compañía de teléfonos por empresas españolas, y una acelerada expansión de estos servicios que se mantuvieron reducidos por muchos años).


Entre 1991 y 1997, la Bolsa de Valores de Lima se multiplicó 15 veces, de 470 millones a 7,7 mil millones de dólares aproximadamente. De acuerdo al Fondo Monetario Internacional, entre 1992 y 1998 el comercio internacional creció de 7,7 a 14,3 mil millones de dólares, un crecimiento del 86%. La diversificación del comercio internacional es un factor importante en este período de crecimiento económico. Mientras que en las décadas de los ‘70 y ‘80 el intercambio comercial con los Estados Unidos era mucho mayor que con cualquier otra región en el mundo, este patrón varía en los ’90, cuando el intercambio comercial con países asiáticos y latinoamericanos casi se duplicó a 1,39 y 2,29 mil millones de dólares respectivamente, mientras que con Estados Unidos el crecimiento fue del 30%, a 1,94 mil millones de dólares.
Además de la inversión extranjera y comercio internacional, la expansión de este sector informacional en Lima Metropolitana se hizo posible debido a la disponibilidad de una fuerza laboral calificada. En los años ‘90, la fuerza laboral en Lima Metropolitana era proporcionalmente más extensa y más educada que en décadas anteriores. Entre 1981 y 1993, el número de personas con educación superior técnica o profesional creció de 224.000 a 595.000, y el número de profesionales creció a más del doble, de 162.000 a 335.000 (INEI, 1996).
La expansión de estas actividades informacionales se presenta dentro de nuevas formas de organización institucional y empresarial, donde extensas redes análogas establecen un fluido intercambio de información dentro de una elaborada infraestructura de telecomunicaciones y relaciones de confianza, establecidas a partir de organizaciones profesionales y sociales. Estas redes han facilitado el acceso a capital nacional e internacional a través de nuevos servicios financieros, de bienes raíces y de seguros especializados, así como también a través del uso de nueva tecnología, como cajeros automáticos y transacciones electrónicas. El alcance de estas redes financieras no sólo ha incorporado grandes corporaciones tradicionales, sino también negocios marginales e informales, permitiéndoles acelerar sus transacciones con el uso de estos servicios especializados y nueva tecnología.
Esta expansión y reorganización espacial de actividades informacionales tienen una implicación especial en la configuración espacial de la región metropolitana. Hasta mediados de los años ‘80, estas actividades se localizaban principalmente en el Centro Histórico y en el centro moderno de Miraflores. Durante los ‘90, las actividades informacionales se dividieron en dos grupos principales. Las actividades corporativas, que concentran la toma de decisiones y las conexiones internacionales, se ubicaron en el nuevo Distrito Financiero en San Isidro, mientras que los servicios básicos como servicios financieros al público en general, corretaje de bienes raíces o servicios legales locales crecieron en vecindarios periféricos, y hasta cierto punto han permanecido en el Centro Histórico y Miraflores.
El nuevo Distrito Financiero en San Isidro, hasta hace poco un barrio predominantemente residencial de altos ingresos, se ha desarrollado como un espacio adecuado para la clase ejecutiva local e internacional que opera dentro de una red global de centros urbanos, y que requiere ciertas facilidades urbanas típicas de esta red. Este Distrito Financiero se diferencia del Centro Histórico en su especialización de funciones. Mientras que el Centro Histórico combinaba actividades financieras con una amplia gama de otros negocios, funciones de gobierno y actividades culturales, el nuevo Distrito Financiero se especializa en actividades informacionales.
En 1996, San Isidro tenía la segunda concentración más grande de empleos formales en Lima Metropolitana, con cerca del 9% (140.000 empleos). La concentración más alta estaba en el distrito de El Cercado, donde el Centro Histórico está situado, con cerca del 17% (240.000 empleos). San Isidro tenía la más alta concentración de empleos informacionales, 30% del total en Lima; 12% de instituciones financieras; 25% de corredores y consultores financieros y 36% de compañías de seguros (INEI, 1996).
En los años ‘90, ni el Centro Histórico ni el centro moderno de Miraflores pudieron absorber el crecimiento de los negocios y empleos informacionales. A pesar de la vitalidad económica, servicios internacionales y facilidades disponibles en Miraflores, San Isidro fue considerado como un lugar más atractivo.
A diferencia de aquellos distritos financieros alrededor del mundo que se establecen en áreas con valores de propiedades inmobiliarias muy bajos, la emergencia y consolidación de este Distrito Financiero en San Isidro ha ocurrido en un área residencial de alto status social y económico, desplazando principalmente a una población de altos ingresos. El prestigio social asociado a San Isidro ha proporcionado una configuración urbana atractiva para las crecientes actividades informacionales y para las elites ejecutivas locales e internacionales. San Isidro ofrece condiciones de comodidad, conveniencia y ambiente "seguro", condiciones requeridas por empresarios internacionales en otras ciudades importantes en el mundo. El distrito de San Isidro ofrece también dos niveles de aislamiento del resto de la región metropolitana: un aislamiento de las actividades comerciales, industriales y de entretenimiento, así como un aislamiento social de los sectores de bajos recursos.
La consolidación de este distrito refleja el más directo impacto espacial que Lima Metropolitana haya experimentado a causa de la extensión de redes financieras globales, en un área que constituye el nodo económico más importante de la economía metropolitana y nacional. Las actividades informacionales, entre otras actividades urbanas, constituyen el modelo más claro de concentración espacial de capital y poder de decisión económico, mientras que las redes locales han aumentado la movilidad social y económica de empresas con capacidad de innovación y de la fuerza laboral capacitada.
4.2. Actividades industriales
La reorganización de actividades industriales en el ámbito internacional tiene una referencia específica en el caso de la industria de confecciones en Lima Metropolitana. Los cambios en las condiciones políticas y económicas durante la recesión de finales de los años ‘80 y comienzos de los ‘90, así como el crecimiento económico acelerado de mediados de los ‘90, dieron lugar a la reorganización de actividades industriales en general y de la industria de confecciones en particular.
Durante la crisis de los años ‘80, muchas de las grandes fábricas textiles y de confecciones en Lima Metropolitana enfrentaron grandes dificultades como resultado de una inflación desenfrenada, la contracción de sueldos y salarios, y la inhabilidad de reducir los costos de producción (Tello, 1995). Estas dificultades se incrementaron con los cambios en las políticas industriales nacionales de los ‘90, las que implicaron la desaparición de las políticas y programas de substitución de importaciones implementados originalmente en los años ‘60 y ‘70 en gran parte de América Latina. Las políticas económicas puestas en ejecución en los ‘90 para responder a las demandas de las instituciones financieras internacionales, incluyeron reducciones importantes en aranceles de importación, que dieron lugar a la expansión de importaciones de ropa y equipo de fabricación, principalmente de Corea, China, Japón y otros países asiáticos. Imposibilitadas de competir con estos productos importados, pocas fueron las grandes empresas que pudieron subsistir. Por el contrario, las pequeñas empresas especializadas enfrentaron condiciones más propicias para producir y multiplicarse gracias a la disponibilidad de mano de obra calificada generada por los despidos masivos en los sectores privados y públicos, la importación de maquinaria apropiada a bajo costo y la flexibilidad de estas pequeñas empresas para adaptar sus productos a las modas cambiantes y a precios módicos.
El distrito de confecciones de Gamarra ilustra cómo las pequeñas empresas encontraron formas eficientes de organizarse y espacios apropiados para una producción especializada. El desarrollo de Gamarra es el producto de la habilidad de empresarios y organizaciones locales para establecer reglas informales de cooperación, mantener su identidad cultural y retener el poder local, a pesar de la creciente participación de empresas nacionales e internacionales. Este distrito ha podido disfrutar de los beneficios que las redes institucionales locales fuertes, emergidas del sector informal, generan al intersectarse con una diversidad de redes internacionales descentralizadas. Esta intersección de redes locales e internacionales se ha desarrollado sobre la base de un alto nivel de interacción entre pequeñas y grandes empresas locales, la reinversión hecha por grandes empresas locales y el liderazgo de organizaciones empresariales innovadoras. Esta configuración institucional ha facilitado la convergencia de actividades de manufactura, comercio y servicios, así como de operaciones formales e informales, en un ambiente que fomenta el uso de nueva tecnología e innovaciones en la organización de actividades y define nuevas formas de organización espacial en la región metropolitana.
Las redes locales de producción en este distrito se componen de relaciones entre empresarios, subcontratistas, proveedores y clientes. Las relaciones de confianza y la flexibilidad en las operaciones han sido esenciales en la consolidación de estas redes, las cuales incluyen muchas transacciones informales.
La combinación de actividades de fabricación y actividades comerciales ha permitido una proximidad a los clientes, que a su vez genera un circuito completo de intercambio de información entre productores y consumidores. La estrecha proximidad entre fabricantes, minoristas, y clientes es crucial en la fabricación de ropa, debido a que la industria de confecciones es altamente sensible a los constantes cambios en la moda, involucra una variedad de productos y requiere una amplia gama de insumos. Esta concentración de actividades y redes ha permitido también que pequeñas empresas alcancen economías de escala y que los fabricantes disminuyan sus costos de transporte y de distribución, lo cual permite que ofrezcan productos a bajos precios. Por otro lado, la dispersión de estas redes a nivel metropolitano ha permitido asegurar el suministro oportuno de productos de la calidad especificada por parte de contratistas y proveedores.
A diferencia de los patrones de comercio internacional de las décadas anteriores, que solamente incorporaban grandes instituciones financieras y corporaciones, la expansión reciente de las conexiones internacionales en Lima Metropolitana ha incorporado una amplia gama de negocios, industrias y países. A pesar de su previa condición marginal, los negocios en el Distrito de Confecciones de Gamarra han obviado la elite industrial local y han podido establecer acceso directo a redes internacionales especializadas. Las pequeñas empresas han logrado acceso no sólo a insumos, maquinaria importada e información, sino que también han alcanzado mercados internacionales, especialmente en Sudamérica, Norteamérica y Asia, a través de múltiples canales, incluyendo contrabando, corredores de ropa, consorcios de pequeñas empresas, ferias y mesas redondas. Este distrito también ha atraído a empresarios de negocios coreanos, quienes han abierto pequeñas fábricas y tiendas.
Por muchas décadas, la mayoría de las actividades industriales en Lima Metropolitana se había concentrado en corredores industriales dedicados a la industria pesada y plantas de producción en serie. Mientras el número de negocios y trabajadores en estos corredores industriales permanecía estable o se reducía, muchas actividades industriales se trasladaron a nuevos centros especializados, los cuales definen las nuevas formas de organización espacial que el caso de Gamarra ejemplifica.
Durante los años ‘60, había menos de cien negocios de confecciones que respondían predominantemente a las necesidades de la población de bajos ingresos, que había migrado recientemente a Lima desde ciudades pequeñas y áreas rurales, y que requería de vestimenta a bajo costo. A comienzos de los ‘90 habían cerca de 10.000 pequeñas empresas, y en 1997 llegaban aproximadamente a 15.000. Entre 1993 y 1997, se estima una expansión del volumen total de ventas anuales de US$ 566 millones a US$ 832 millones en el caso más conservador, o a US$ 1.433 millones en el caso más optimista. A fines de los ‘90, Gamarra representaba casi la mitad de todos los negocios textiles y de confecciones en Lima Metropolitana.
A diferencia de los corredores industriales que albergaban todo tipo de industrias, los centros industriales emergentes se han especializado en un tipo de producto y han atraído servicios relacionados. En el caso de Gamarra se da una especialización en función a las prendas de vestir, al tiempo que se combinan las actividades de producción con actividades de venta al por mayor y menor, así como servicios de producción y gestión, todos ellos integrados verticalmente. Otros dos centros industriales importantes que siguieron este modelo son el centro de fabricación de muebles en el parque industrial de Villa El Salvador y el centro de fabricación de calzado en San Juan de Lurigancho, ambos localizados en barrios periféricos en proceso de consolidación.
El Distrito de Confecciones de Gamarra representa un caso particular debido a la dimensión económica de este distrito y al cambio en la configuración espacial y social de este barrio. Gamarra, uno de los barrios más marginales, caracterizado tradicionalmente por condiciones de pobreza y altos niveles de delincuencia, se transformó en un centro metropolitano importante, conectado con negocios y mercados internacionales. Este crecimiento ha dado lugar a importantes inversiones en edificios modernos, algunos de los cuales han alcanzado los valores de propiedad más altos de la región metropolitana, y han atraído a clientes de una amplia gama de sectores sociales. Gamarra también se ha convertido en proveedor de tiendas de ropa especializada de barrios de clase alta, organiza sus propios desfiles de moda y atrae una amplia gama de clientes, tanto de clase media como alta.
4.3. Actividades culturales y de entretenimiento
Así como en las actividades informacionales e industriales, los cambios políticos y económicos de los años ‘80 y ‘90 han condicionado también la reconfiguración espacial de actividades culturales y de entretenimiento. A finales de los ‘80 y comienzos de los ‘90, la contracción de actividades culturales y de entretenimiento no sólo obedecía a la recesión y los limitados recursos económicos de la población, sino también a las restricciones generadas por los problemas de violencia política. Problemas de seguridad física limitaron los espacios de congregación pública y las actividades nocturnas. Calles y plazas en lugares centrales fueron cerradas al tráfico peatonal y vehicular para aumentar los niveles de seguridad y limitar el número de incidentes. Este paisaje urbano cambió drásticamente a mediados de los ‘90, cuando se redujeron los niveles de violencia política y se dio una proliferación de actividades culturales y de entretenimiento. Nuevos teatros, librerías, galerías de arte, museos, centros culturales y clubes de cine se abrieron y expandieron sus audiencias. Estos lugares se han multiplicado y han diversificado sus productos y eventos, que van de lo tradicional a lo moderno, incluyendo elementos de consumo masivo internacional.
Estas actividades culturales y de entretenimiento en los años ‘90 tienen una caracterización social y configuración espacial particular, debido a la tensión entre el consumo masivo internacional y la demanda de una identidad local. La reducción en los aranceles de importación y la expansión de medios de comunicación resultaron en una amplia difusión de productos importados. Programas de televisión, videos, revistas, espectáculos y otros elementos de entretenimiento importados, que eran exclusividad de una elite local, pasaron a ser objetos de consumo de sectores más amplios, incluyendo la población de bajos ingresos. Este fenómeno tuvo el efecto involuntario de disminuir el status social de esos productos y alzar el valor de los productos locales, que ofrecen elementos de la cultura tradicional y refuerzan la definición de una identidad local. Estos patrones culturales y de entretenimiento se dan también en una mezcla de cultura tradicional con elementos modernos, lo cual ha creado una imagen actualizada de modernidad que se considera muy atractiva, generando una nueva identidad basada en tradiciones locales pero percibida en términos de valores contemporáneos y de tendencias internacionales.
Esta expansión de actividades culturales y de entretenimiento se da también, como en el caso de las actividades financieras y de confecciones, dentro de una serie de redes locales e internacionales. Las instituciones más activas en la articulación de estas redes de actividades culturales y de entretenimiento son el gobierno municipal, organizaciones no gubernamentales, asociaciones de artistas, corporaciones financieras y entidades internacionales. El gobierno municipal metropolitano ha jugado un papel central en el desarrollo de las redes que apoyan la promoción de actividades culturales y ha facilitado la participación de patrocinadores del sector privado, así como también de organizaciones internacionales, que promueven la rehabilitación de lugares de importancia histórica. El gobierno municipal metropolitano ha promovido una amplia gama de actividades culturales, incluyendo espectáculos, ferias, desfiles y eventos religiosos en respuesta a las necesidades de una población muy diversa, incluyendo a los inmigrantes de otras regiones del país.
Esta expansión y reorganización de actividades culturales y de entretenimiento ha resultado en la especialización del Centro Histórico en actividades con carácter local, al mismo tiempo que se refuerzan centros de actividades en barrios urbanos consolidados, como Miraflores y Barranco, y se crean nuevos centros en barrios periféricos emergentes, como Villa El Salvador, San Juan de Lurigancho, Vitarte, El Agustino y Comas. Por otro lado, centros de entretenimiento de consumo masivo internacional, que incluyen casinos, salas de juego y moteles, entre otros, se han ubicado en barrios de fácil acceso, como en el caso de la Avenida La Marina o San Borja.
El énfasis en actividades culturales en el rehabilitado Centro Histórico ha redefinido su rol y ha proporcionado un espacio de identidad urbana para la población local. La rehabilitación del Centro Histórico surgió como una reacción a la creciente homogeneización de espacios en Lima Metropolitana, resultado de la adopción indiscriminada de los predominantes patrones internacionales de desarrollo. La construcción de centros comerciales, centros de ventas al por menor y oficinas se ha venido desarrollado según estándares internacionales y sin referencias locales específicas. En contraste, el rehabilitado Centro Histórico ahora ofrece un espacio para uso público que tiene una fuerte conexión con la historia local, crea un sentido de pertenencia para la población local y de referencia local para los visitantes internacionales. La población de clase media y clase alta, que había dejado de frecuentar el deteriorado Centro Histórico por más de dos décadas, ha retornado atraída por los eventos culturales presentados en la nueva configuración rehabilitada del centro. El Centro Histórico ha reestablecido también un uso intensivo de las calles y plazas que está siendo replicado en otros barrios. El centro de Barranco es otro ejemplo similar al del Centro Histórico. Es el caso de un viejo barrio renombrado para su comunidad artística, que logró sobrevivir la ola de modernización que arrasó con otros barrios de la ciudad, y continúa albergando una variedad de acontecimientos culturales. La plaza principal y calles adyacentes despliegan innumerables cafés, restaurantes, peñas, bares, y discotecas que atraen a público de diferentes niveles económicos.
Dentro de un patrón contrastante al de Barranco surgió el área de casinos y moteles en La Avenida La Marina, que conecta los centros metropolitanos principales con el aeropuerto. Esta zona de entretenimiento, denominada Little Las Vegas, atraía en 1997 entre 110.000 a 120.000 personas por día en fines de semana y cerca de 27.000 en días laborables, y además registraba el número más alto de transacciones de cajero automático en todo el país.
4.4. Actividades comerciales
La expansión económica de los años ‘90 tiene un claro reflejo en la proliferación de actividades y establecimientos comerciales, la cual obedece a tres factores principales: el ingreso de productos importados, la promoción de consumo masivo a través de múltiples medios de comunicación y la expansión del consumo a través de tarjetas de crédito. A pesar de que estas actividades se organizan mayormente a través de redes comerciales tradicionales y espacios ya establecidos en décadas previas, la expansión de estas redes en el ámbito internacional, así como la integración de actividades formales e informales, definen nuevos elementos en la organización económica y espacial de estas actividades.
Gran parte de las actividades comerciales de venta al por menor ha permanecido en los centros metropolitanos tradicionales, tales como el Centro Histórico o Miraflores, y ha crecido en los centros de comercio menores en otros barrios de Lima Metropolitana. Pero además de este patrón preestablecido, la creación de nuevos megacentros comerciales y ferias de comercio ambulatorio representan los dos elementos más prominentes del consumo masivo formal internacional y del consumo masivo informal respectivamente. A pesar de la simbología distintiva de estos establecimientos a los dos extremos del espectro de patrones de consumo, la expansión de redes de actividades comerciales ha facilitado la conexión entre ellos. Los megacentros comerciales no sólo incluyen ventas de productos importados, sino también productos locales provenientes del sector informal. Al mismo tiempo, las ferias de comercio ambulatorio no sólo incluyen la venta de productos locales, sino también importados.
Los megacentros comerciales se han construido según estándares internacionales, como grandes complejos que incluyen supermercados, tiendas especializadas, establecimientos de comida al paso, cines de múltiples pantallas y grandes playas de estacionamiento. Estos centros comerciales se han construido como complejos autocontenidos, aislados del entorno urbano existente. Están diseñados para atraer clientes de altos ingresos, pero su ubicación estratégica y edificación prominente atraen a una clientela muy amplia, no necesariamente para consumo sino como un lugar de reunión, entretenimiento o para consumo de comida al paso. Jockey Plaza es uno de los complejos más grandes, inaugurado en 1997. Está ubicado en la intersección de dos vías principales, entre el distrito financiero y la zona de expansión residencial de altos ingresos. LarcoMar es otro de estos complejos recientemente terminados, cuya construcción provocó una controversia mayor, debido a la transformación que causó en el Parque Salazar, uno de los hitos más importantes del distrito de Miraflores. Este complejo es uno de los casos típicos donde los elementos de referencia local no pueden competir frente a la inversión corporativa en elementos de consumo masivo internacional.
En contraste con los megacentros comerciales, las ferias de comercio ambulatorio han surgido como simples estructuras abiertas de bajo costo, en su mayoría organizadas a partir de pequeños quioscos estandarizados e integradas a las calles y tejido urbano, como Polvos Azules, Polvos Rosados y Las Malvinas. Estas se especializan en productos de bajo costo producidos localmente o importados de Asia u otros países latinoamericanos. Muchas de estas ferias han sido construidas con la ayuda de gobiernos municipales, como parte del programa de reubicación de vendedores ambulantes que fue requisito para la rehabilitación del Centro Histórico. Estas ferias son uno de los elementos de transición entre la economía informal y formal. Los pequeños negocios que participan en estas ferias están registrados por los gobiernos locales, pero aún tienen flexibilidad para sus operaciones informales.
5. Patrón espacial emergente en Lima metropolitana
En los años ‘90, el patrón espacial emergente en Lima Metropolitana se caracteriza por el crecimiento de múltiples centros especializados dentro de una estructura cada vez más descentralizada. El Centro Histórico de funciones múltiples se ha desdoblado en múltiples centros metropolitanos especializados en determinadas actividades informacionales, industriales, comerciales o culturales, los cuales se articulan a través de redes de información, de transacciones comerciales o de relaciones sociales.
La habilidad de actores locales para captar flujos de capital e información ha sido uno de los factores esenciales en el desarrollo de estos centros metropolitanos. Esto contrasta con los anteriores patrones de desarrollo, en los cuales las inversiones de grandes capitales, público y privado, eran el factor primario. Los centros metropolitanos emergentes han dependido en gran parte de la fuerza de las organizaciones locales para fomentar la innovación de productos y de procesos económicos, para articular recursos locales e internacionales y para atraer una diversidad de trabajadores, visitantes y clientes. En este contexto, incluso las áreas marginales como Gamarra o Villa El Salvador, han roto barreras económicas y sociales, y han surgido como centros metropolitanos importantes.
Como se describe en la sección anterior, las actividades informacionales principales han gravitado hacia un nuevo Distrito Financiero en San Isidro, que responde a las necesidades de una elite ejecutiva profesional, al mismo tiempo que las actividades informacionales secundarias se han dispersado a partir de este distrito y gracias a la infraestructura de telecomunicaciones. Por otro lado, ciertas actividades industriales han encontrado espacios más propicios para la producción y crecimiento en distritos marginales, como el Distrito de Confecciones de Gamarra, donde un sector informal con capacidad de innovación y organización ha podido conectarse a redes internacionales. Estos distritos proveen mayor flexibilidad para el establecimiento de pequeños negocios y especialización de productos que los tradicionales corredores industriales. Las actividades comerciales han aumentado en los espacios tradicionales pero han creado también nuevos espacios polarizados, los megacentros comerciales de carácter internacional y las ferias de ambulantes de carácter informal local. De igual manera, las actividades culturales y de entretenimiento han gravitado hacia espacios de identidad local, como el Centro Histórico o Barranco, o espacios de carácter genérico, como la Avenida La Marina.
Esta organización de actividades sugiere una jerarquía espacial dentro de la estructura metropolitana emergente, determinada en gran parte por la movilidad de capital, información y población a través de las redes más que por la concentración de capital e infraestructura, que solían ser los factores determinantes. La jerarquía espacial tradicional, con el poder económico concentrado en el principal centro metropolitano y disminuyendo hacia la periferia urbana, ha sido sustituida por una geometría más compleja, en la cual los múltiples centros metropolitanos y sus respectivas redes concentran diferentes grados de poder económico, de acuerdo a la habilidad para movilizar capital, información y población. Cuanto mayor es el flujo de recursos, el alcance internacional y la facilidad de desplazamiento a través de una red, más alta es la posición de esta red en la jerarquía metropolitana. De igual manera, cuanto mayor es la convergencia de flujos en un nodo dado, más alta es la posición de este nodo en una red. En la jerarquía tradicional, el grado de marginalidad estaba determinado por la marginalidad territorial, como en el caso de los barrios periféricos. En la estructura emergente, el grado de marginalidad de un lugar está determinado por la carencia de conexión a las redes metropolitanas, sin importar su localización geográfica.
La organización en base a redes ha permitido una mayor movilidad de recursos. La movilidad de capital, que estaba contenida principalmente dentro del sector corporativo y de ciertas industrias tales como minería y pesca, se ha ampliado a empresas más pequeñas a través de una diversidad de industrias y de sectores formales e informales. Por otro lado, mientras que el acceso a información se mantiene correlacionado a la concentración de recursos y capital, la disponibilidad de nueva tecnología e infraestructura ha contribuido a una mayor difusión de información local e internacional a través de múltiples sectores de la población, distritos y sectores económicos. La movilidad espacial de la población, que era mayormente concéntrica, de lugares residenciales a determinados centros de empleo y de servicios ubicados alrededor del Centro Histórico, se realiza ahora dentro de un patrón multidireccional entre los múltiples centros especializados.
Estos nuevos patrones de jerarquía y movilidad espacial no se traducen necesariamente en una superficie homogénea de espacios equitativos, sino más bien en una organización espacial con diferentes elementos de referencia. La estructura espacial concéntrica, en función al Centro Histórico, se está desvaneciendo, y un eje este-oeste está emergiendo como un nuevo elemento de referencia. Este eje, objeto de importantes inversiones en infraestructura vial, está definido por el aeropuerto internacional en el extremo oeste, la zona suburbana residencial de altos ingresos en el extremo este y el Distrito Financiero en un punto intermedio. Asimismo, una variedad de actividades comerciales y de entretenimiento ha gravitado hacia diferentes segmentos de este eje. Dentro de la zona suburbana, donde predominan áreas residenciales de bajos ingresos con escasos servicios e infraestructura, múltiples barrios han experimentado un proceso de consolidación que incluye el desarrollo de una variedad de negocios y servicios, así como el establecimiento de gobiernos locales. Por otro lado, el nuevo fenómeno suburbano es el desarrollo de áreas residenciales de altos ingresos.


La reorganización espacial de actividades alrededor de redes metropolitanas y nodos ha facilitado la convergencia de una amplia gama de grupos sociales y de actores locales en los centros metropolitanos. Mientras que esta convergencia de grupos sociales no se ha traducido necesariamente en integración social, estos nuevos centros metropolitanos han creado espacios que son compartidos por los diversos grupos sociales, tales como los clientes de altos ingresos que también visitan el centro de confecciones en Gamarra, la clase alta que retorna al Centro Histórico para actividades culturales o la población de escasos recursos que frecuenta los megacentros comerciales, aunque sólo sea para propósitos de entretenimiento. Sin embargo, la segregación social que ha disminuido en estos espacios de consumo se ha agudizado en los espacios residenciales, como es el caso de las áreas residenciales del sector de altos ingresos en las zonas suburbanas, donde el acceso es controlado.
El caso de Lima Metropolitana ilustra cómo la expansión de redes internacionales de capital e información, combinada con la emergencia o fortalecimiento de redes locales especializadas, se traduce en nuevos espacios urbanos que presentan nuevas posibilidades de desarrollo, los cuales podrían ser considerados para el análisis de otras regiones metropolitanas.


Estas posibilidades de desarrollo metropolitano dependerán de la habilidad de los actores locales para potenciar los procesos de integración espacial y minimizar los de fragmentación. Sobre la base del caso de Lima se pueden identificar varios procesos de integración espacial. Uno de los procesos más destacados es la expansión de redes metropolitanas especializadas que pueden incorporar áreas y sectores económicos marginales, como en el caso de las redes informacionales que pueden ser utilizadas para apoyar otras actividades económicas y expandir la capacidad de producción y empleo en los barrios periféricos. La flexibilidad creada entre los sectores formales e informales puede facilitar la incorporación de una fuerza laboral y empresarial marginal dentro de formas institucionales más apropiadas y eficientes para la producción. El desarrollo de centros metropolitanos especializados en zonas urbanas existentes puede facilitar la convergencia de múltiples grupos sociales, así como la densificación de zonas existentes, permitiendo un uso de suelo más eficiente, contrario a la expansión suburbana masiva de décadas anteriores. Por último, la creación de espacios de identidad cultural puede facilitar la integración social de la población metropolitana, y al mismo tiempo, crear espacios atractivos para el visitante internacional.
Paralelamente a estos procesos de integración, el caso de Lima Metropolitana ilustra también procesos de fragmentación espacial de importante consideración. Los sectores de la población marginal, desconectados de las redes metropolitanas, pueden encontrarse en situaciones de extrema marginalidad, con muy limitados recursos y opciones para mejorar sus condiciones de vida. Por otro lado, la segregación de la elite local, dada su movilidad local e internacional y acceso a recursos a través de redes de telecomunicación y servicios especiales de correo, puede crear una unidad independiente del contexto local. Un tercer elemento está constituido por las crecientes discrepancias entre las fronteras territoriales tanto administrativas como políticas y las fronteras de producción que se redefinen constantemente a nivel local y se expanden a nivel internacional.
Estos procesos simultáneos de integración y fragmentación espacial presentan un reto para la definición de herramientas y procesos de planificación urbana, los cuales requieren la incorporación de una dimensión espacial que permita el análisis de la interacción entre lugares y la movilidad de información, capital y población.
6. Referencias bibliográficas
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