La Sociedad como Realidad Objetiva


(de "La construcción social de la realidad" de Peter Berger y Thomas Luckmann)

Para Berger y Luckmann, "la sociedad es un producto humano. La sociedad es una realidad objetiva. El hombre es un producto social". Recurriendo a autores tan diferentes como Marx, Durkheim, Simmel, Weber, Mead, Sartre, Parsons o Goffman, elaboran la tesis que propone que si la realidad se construye socialmente, lo que se debe analizar son los procesos por los cuales esto se produce. Con este fin analizan uno de estos procesos que es la institucionalización sobre la base de: sus orígenes, alcance y modos; la relación entre el organismo humano y su actividad; la sedimentación y la tradición; y los roles que constituyen.

INSTITUCIONALIZACIÓN

En su análisis, la sociedad se descubre como una realidad objetiva, es decir, exteriorizada (independiente de los autores que la producen), como objetivada (constituida por mundos de objetos separados de los sujetos). Es este doble proceso de exteriorización y objetivación, en la medida en que se apoya el conocimiento común tipificador y en las interacciones cara a cara, lo que alimenta los procesos de institucionalización en sentido amplio : La institucionalización se manifiesta cada vez que las clases de actores efectúan una tipificación recíproca de las acciones habitualizadas. Pero, ¿cómo se da esta tipificación?

A diferencia de otros animales, el ser humano como organismo termina de constituirse en interrelación con el medio ambiente. En este proceso de desarrollo, se interrelaciona no sólo con un ambiente natural determinado sino con un orden cultural y social especifico. El organismo humano carece de los medios biológicos necesarios para proporcionar estabilidad al comportamiento humano dado que sus relaciones con su ambiente se caracterizan por su apertura en el mundo.

La existencia humana así, se desarrolla empíricamente en un contexto de orden, dirección y estabilidad que está precedida por un orden social dado que la transforma en una relativa clausura al mundo. La inestabilidad inherente al organismo humano exige como imperativo que el hombre mismo proporcione un contorno estable a su comportamiento; el mismo debe especializar y dirigir sus impulsos. Estos hechos biológicos sirven como presupuesto necesario para la producción del orden social. La especialización y el rumbo de la actividad que faltan en el equipo biológico del hombre esta provista por las acciones habituales. La habituación permite gracias al cúmulo de conocimientos, reproducir con economía de esfuerzos y tiempo, diferentes actividades.

Decíamos entonces, para Berger y Luckmann, la institucionalización aparece cada vez que se da una tipificación recíproca de acciones habitualizadas por tipos de actores. Una institución es toda tipificación de esta clase. Es preciso subrayar la reciprocidad de las tipificaciones instituciones y la tipicidad de las acciones, pero también de los actores en las instituciones. La propia institución (que supone un cuerpo de conocimiento objetivado, un cuerpo de verdades válidas en general acerca de la realidad) tipifica a la vez a los actores y a las acciones individuales. En tanto estas tipificaciones se comparten, son accesibles a todos los integrantes de un determinado grupo social, siendo esta accesibilidad, una característica fundamental de las instituciones.

Al mismo tiempo, las instituciones implican historicidad y control. Aún más, adquieren cierta solidez y estabilidad gracias a la acción de la historia, a través de fenómenos de cristalización de las tipificaciones y los hábitos, y de su sedimentación en el curso del tiempo -especialmente, pero no sólo, en reservas comunes de conocimiento. En lo que respecta a su carácter controlador, es inherente y esta aislado de cualquier mecanismo de sanción que se establezca para su mantenimiento. Controlan el comportamiento humano estableciendo pautas, definidas de manera previa, que lo canalizan en una dirección determinada.

Asimismo, las instituciones, que en la experiencia concreta se manifiestan colectividades que abarcan grandes cantidades de gente, deben especializarse en un proceso de división de trabajo, y los propios actores desempeñan, en función de cada institución, roles (formas de acción tipificadas) sociales diferenciados. Esta división del trabajo es posibilitada por la construcción de un trasfondo de rutina, que a su vez abre una vía a las innovaciones que exigen un nivel de atención más elevado. La división del trabajo y las innovaciones llevarán a nuevas habituaciones, ampliando más el trasfondo común a ambos individuos. En otras palabras, estará en vía de construcción un mundo social que contendrá en su interior las raíces de un orden institucional en expansión.

Ahora bien, para mantenerse, los universos institucionales requieren legitimaciones de orden cognitivo y normativo, esto es, formas simbólicas que permiten su conocimiento (práctico y teórico) y que les confieren valor. Además, la institucionalización al ser transmitida a otra generación, se perfecciona. Los conceptos ad hoc se convierten en instituciones históricas y estas formaciones adquieren así, objetividad. Las instituciones cristalizadas se experimentan con existencia propia, presentándose al individuo como un hecho externo y coercitivo. La posibilidad de cambio de las rutinas que existía originalmente en la conciencia de quien las ha producido, disminuye con el peso de la objetividad. Las instituciones se vuelven administradoras de la realidad, del "así se hacen las cosas". El mundo se convierte en la percepción de la nueva generación en el mundo, esa realidad dada, de modo análogo al mundo natural.

Auque esta objetividad del mundo institucional pueda parecerle masiva al individuo, es una objetividad de producción y construcción humanas. El proceso por el que los productos externalizados de la actividad humana alcanzan el carácter de objetividad es denominado objetivación. El mundo institucional es actividad humana objetivada así como lo es cada institución de por sí. La relación entre el hombre -productor- y el mundo social -su producto- es y sigue siendo dialéctica. El producto vuelve a actuar sobre el productor. La externalización, la objetivación y luego la internalización son momentos (que no se agotan en sí mismos) de un proceso dialéctico continuo, en donde cada momento de la realidad social se corresponde con una caracterización esencial del mundo social. Así regresamos al punto de partida: la externalización es la sociedad entendida como un producto humano, a la objetivación le corresponde la sociedad percibida como una realidad objetiva y en la internalización, el hombre es un producto social.

7 comments:

Anonymous said...

Pues muy buen articulo digamos...

Buenisima su pagina en general! (:

Anonymous said...

muy bien explicado de manera concreta....

Anonymous said...

no me queda claro qué es tipificación, ¿podrías ampliar? mil gracias.

Anonymous said...

la sociedad puede pensarse objetivamente?

Anonymous said...

la tipificación serían las acciones habitualizadas de los actores sociales, por tanto son compartidas y accesibles a todos los actores de un grupo social determinado. Y cuando hablamos de acciones habitualizadas nos referimos a los actos que se repiten con frecuencia y que crean pautas que luego pueden reproducirse con economía de esfuerzos y que es aprehendida como pauta por el que la ejecuta.

Anonymous said...

Una explicación muy clara, gracias!

Anonymous said...

¿existe una realidad abstracta?

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