Violencia Politica

Nombre: Claudia C
Curso: Cultura y Política
Profesor: Rolando Ames

1. ¿Qué peso le dan a la influencia internacional en la estrategia antisubversiva de la Fuerza Armada peruana?

Hipocresía política, brutalidad estatal y abuso del poder: esto es lo que podría ser fácilmente reseñado como el legado internacional que aportaron Taiwán y Estados Unidos en la estrategia antisubversiva de la Fuerza Armada peruana.

En el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, se señala cómo tras la irrupción del conflicto armado en la escena peruana, el Estado, que había sido tomado desprevenido, toma la decisión política de emplear las Fuerzas Armadas. Sin mayores referentes que la lucha contra las guerrillas guevaristas, la estrategia de lucha se vio teñida por las nociones de sentido común que las FF. AA. manejaban respecto de sus experiencias anteriores con otros grupos armados.

Es en este contexto, que la influencia internacional jugará un importante papel en la estrategia antisubversiva de las FF.AA, que a su vez termina variando a lo largo de intervalos temporales distinguibles. Inicialmente, las experiencias de los años 60 y la instrucción de la Escuela de las Américas de los años 70 en guerra no convencional determinan ampliamente la estrategia antisubversiva de las Fuerzas Armadas peruanas a inicios de los años 80. En este primer periodo que va de 1980 a 1983, la atención se centra sobre las guerrillas guevaristas y la estrategia revolucionaria de focos guerrilleros. Además, el fácil éxito sobre las pésimamente organizadas guerrillas del 65, impidió registrar las serias dificultades que ya durante los 70 encontraba la estrategia antiguerrillas de los años 60 en América Central. (Conoces la organización de las guerrillas del 65? No necesariamente eran ineficientes en sus términos y bajo sus supuestos. De la Puente pensaba, como lo haría el propio Che, un año después en Bolivia, que un pequeño grupo guerrillero podía organizar un “foco” o área revolucionaria con el apoyo del campesinado. Desde el análisis social es interesante que trates de comprender los términos de ese tiempo. También ahora los críticos del orden social pueden tener ideas distintas de la gente en nombre de la cual combaten el sistema)

Esta ausencia de una adecuada información de inteligencia sobre la organización y las formas de operar del PCP-SL se debía, en parte, a que este grupo armado empleó un tipo de estrategia que no tenía precedentes en América Latina. Esto condujo a que al menos durante el primer año, el comando militar creyera incluso que el PCP-SL preparaba ataques simultáneos y masivos a todas las bases antiguerrilleras para tomar el control territorial.

Un segundo periodo de 1983 a 1985 coincide con la asunción de mando del general Adrián Huamán Centeno, cuya posición ideológica, reformista y desarrollista era incompatible con la política económica del gobierno y con las recomendaciones de la administración Reagan.

En el tercer periodo de 1985 a 1988, la política de Estados Unidos hacia América Central había empezado a girar en torno a un nuevo concepto llamado “conflicto de baja intensidad”. Ello suponía restringir el uso de la fuerza a fin de no afectar a la mayoría de la población y preparar una salida política. Eran momentos en los que las salidas políticas a los conflictos violentos internos, con ejemplos en Nicaragua, El Salvador y Colombia, eran creíbles en América Latina. Llegar a creer sin embargo, que eso podía aplicarse al conflicto peruano fue un grave error. Esto se entiende por la ausencia de voluntad por parte del PCP-SL de constituirse como un interlocutor político. (Muy bien)

Ahora bien, la idea de conflicto de baja intensidad, desarrollado durante el gobierno de Reagan, tuvo entre sus objetivos principales evitar los contraproducentes efectos de una guerra mediante un criterio de selectividad, que intentaba no poner en riesgo el respeto a los Derechos Humanos. Los niveles de violencia serían bajos en términos cuantitativos, pero en dosis concentradas durante operaciones selectivas especiales. Este énfasis en la eficiencia militar permitía librarse de la concepción desarrollista y respetar el libre mercado. En suma lo que se desprende de los manuales de guerra de baja intensidad, refleja en gran parte el modelo del cual partieron las prácticas realizadas por las Fuerzas Armadas.

Resulta significativo que las funestas consecuencias para la democracia fueran ocasionadas siguiendo la nueva estrategia de conflicto de baja intensidad, ya que de esta se esperaba que permitiera vencer el terrorismo sin causar retrocesos en el respeto y difusión de los Derechos Humanos.

Los manuales de contrasubversión elaborados en la Escuela de las Américas, Panamá, en 1987 por oficiales de inteligencia del Ejército norteamericano, se concentraban en las operaciones especiales. El predominio de este tipo de operaciones dio lugar a que surgiera durante el conflicto un cierto tipo de poder político-militar que conspiró contra la democracia y finalmente la sometió. En efecto, este cambio de política contribuyó a una marcada disminución del número de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones por parte de las Fuerzas Armadas peruanas a partir de 1991, pero no alcanzó a proteger a la frágil democracia peruana de los planes de Fujimori, Montesinos y Hermoza Ríos, ocasionando grandes costos políticos e institucionales. Y es que si bien evita masacres masivas, termina ejerciendo prácticas de violencia sistemática y de tortura concreta a determinadas personas solamente en base a indicios de culpabilidad, que servían para justificar torturas incluso más brutales de las que se venían empleando. A pesar de ello, en el Perú, este tipo de estrategia, que entre sus objetivos estaba el ganar espacio simbólico sin una verdadera necesidad de cambios reales, se continuó utilizando. (Idem OK)

Sólo después de 1988, las Fuerzas Armadas peruanas adoptaron sistemáticamente la estrategia recomendada por los Estados Unidos, en la que la administración Reagan recomendó se asuman metas de justicia social y subsanar con auténtico liderazgo los graves problemas de legitimidad. Se tendría que adoptar un riguroso control del uso de la fuerza y al mismo tiempo enfrentar políticamente a los subversivos, movilizando contra ellos la acción de todos los sectores del Estado. Las reformas que estarían más a su alcance serían las reformas administrativas, para hacer más eficiente y barata la administración pública. Este gobierno no contaría con más ayuda norteamericana que la imprescindible para la acción cívica, además de la preparación militar de sus grupos de operaciones especiales. La acción cívica es a fin de cuentas un tipo de operativo psicosocial, que está destinada a producir un efecto momentáneo de paz y progreso en medio de la inseguridad y el desamparo de la guerra interna. Su efecto es tan limitado que sólo tiene sentido si se intercala con los avances de combate. La doctrina del conflicto de baja intensidad deja bien claro que no se trata de desarrollo económico, niega que la pobreza sea la causa principal de la subversión y que el desarrollo económico acabe con los conflictos internos violentos.

Esta política norteamericana, condicionó finalmente el proceso político peruano. Hacia 1988, cuando el Perú estaba tocando fondo en la crisis social y económica del gobierno de Alan García y la subversión estaba en su apogeo, se produjo un cambio que enrumbó a la contrasubversión peruana hacia una intensa estrategia de operaciones especiales.
Sin embargo, hay que admitir que la estrategia contrasubversiva contenida en la idea de conflicto de baja intensidad era sólo un conjunto de recomendaciones cuya aplicación dependía de que se desarrollara una versión local. Las semejanzas entre la estrategia que detuvo el avance guerrillero en El Salvador y la que derrotó al PCP-SL en el Perú no son meras coincidencias. Los Estados Unidos de América se encontraban concernidos por ambos conflictos y estaban decididos a influir en su curso difundiendo los principios estratégicos del conflicto de baja intensidad.

En el cuarto periodo, de 1889 a 1992, se empleará la estrategia contrasubversiva integral que ya no entiende la subversión sólo, ni principalmente como acción militar, sino como acción política, y en la que prima el apoyo de la población. Curiosamente, el modo en que se planteó este objetivo guarda semejanza con las reglas que impuso Mao a su ejército revolucionario. Cabe subrayar que la estrategia contrasubversiva en sus aspectos referidos a dar seguridad y confianza a la población no fue aplicada por igual en todas partes (dimensiones regionales del conflicto).
Una revisión a la situación internacional permite entender mejor la inicial lentitud del Estado peruano en los años 80. A fines de los años 70, las actividades y capacidades militares de los Estados Unidos para la guerra de baja intensidad habían disminuido como resultado de la política del Presidente Jimmy Carter. En 1980, cuando el PCP-SL emprendió su guerra subversiva contra el Estado peruano, la preparación militar norteamericana y la cooperación hemisférica en lucha contrasubversiva se encontraban en su punto más bajo.

No obstante, posteriormente el peso de la influencia internacional va a ser decisivo en la lucha contra la subversión. En los años 80, el Estado peruano regresó al cauce de la ayuda militar norteamericana y de otros países como Taiwán e Israel. La adquisición de armamento hecha a la URSS durante los años 70, había traído consigo la presencia en esos años de numerosos instructores y técnicos soviéticos en el Perú. Pero a inicios de los 80 la cooperación soviética se redujo y no llegó a contribuir a la contrasubversión. En esos momentos empezó un lento y dificultoso giro de retorno, hacia la ayuda militar de los Estados Unidos.

En comparación con lo que gastaron los Estados Unidos en América Central durante los años 80, la ayuda económica al Perú para luchar contra la subversión fue muy reducida. Cuando se habla de ayuda militar, se trata principalmente de instrucción y entrenamiento; en casos especiales se trata incluso de asesores militares que combaten en el terreno junto a las fuerzas locales y transfieren tecnología. Cuando se habla de ayuda económica para la contrainsurgencia, se trata más bien de fuertes sumas de dinero en calidad de créditos, por supuesto, que permiten al país receptor comprar armamento y vehículos de combate para atender tareas urgentes de reconstrucción.

Por su parte, Taiwán constituye otra influencia internacional importante. Desde 1981, algunos oficiales peruanos recibieron instrucción en la Escuela de Guerra de Taiwán, cuya doctrina de la “Guerra Política” a fines de los años 80 tuvo notoria influencia en la estrategia contrasubversiva peruana. El que la política y otros campos de la vida pública se conviertan en atributos, recursos o funciones de la acción militar contrasubversiva fue una idea que trajo graves consecuencias para la democracia peruana durante los años 90.

Esta doctrina contribuyó por un lado, a definir elementos centrales de la estrategia contrasubversiva que se empleó para derrotar al PCP-SL, y por otro, junto con la instrucción de la Escuela de las Américas, preparó el terreno ideológico para el régimen de Fujimori. Según esta doctrina, el predominio político se alcanza mediante el uso de todos los medios disponibles del Estado a fin de someter o eliminar las actividades enemigas, en consecuencia, el uso de la violencia está restringido puesto que las ventajas estratégicas no se consiguen en el campo de batalla, sino en la sociedad misma.
De lo visto se desprende entonces que el peso de la influencia internacional es enorme, así como lo es la responsabilidad sobre las deplorables violaciones de los Derechos Humanos. (Muy bien)


2. Comparando las regiones ¿Dónde se encuentra que Sendero Luminoso tuvo una relación mayor con sectores sociales “amplios”?

El PCP-SL fue indudablemente un movimiento insurgente sin precedentes en América Latina. Se entiende entonces que la estrategia que utilizó para llevar a cabo su proyecto como partido se caracterizara también por entablar relaciones sociales de manera distinta a lo que hiciera la izquierda legal. Así, de 1980 al 2000, el PCP-SL se desarrolló de manera muy diferente en los distintos espacios regionales que conforman el país. Esta diversidad de historias regionales golpeadas por la violencia se asocia tanto a las particularidades de los contextos regionales, es decir, a la situación de las regiones antes del inicio del conflicto, como al papel que les asignaron los grupos alzados en armas a lo largo de sus estrategias territoriales. Además, entre las regiones de alta incidencia de acciones violentas, el desarrollo del conflicto fue también diferente en su cronología, en las estrategias desplegadas por los grupos alzados en armas y las fuerzas contrainsurgentes, en la forma, así como en las modalidades y espacios en que los pobladores se vieron involucrados, y, por último, en las razones para que ello sucediera. (Bien esta premisa general)

En efecto, El PCP-SL nunca intentó entrar en los conflictos coyunturales, ni pretendió liderar las luchas sociales más integradoras del movimiento social: nunca fue ese su punto de partida. Por el contrario, el PCP-SL en su primera etapa tuvo un despliegue de acercamiento a la población, pero no precisamente hacia un sector campesino organizado, sino mas bien hacia un sector que mantenía conflictos (entre las comunidades y/o causados por el proceso de modernización truncado) velados para el estado.

Los estudios regionales de la CVR permiten diferenciar dos momentos muy marcados en los cuales el conflicto se desarrolla en espacios regionales diferentes. Uno primero (subdividido en dos períodos), de 1980 hasta septiembre de 1986, se desarrolla en la sierra sur central, especialmente en los espacios rurales y con acciones de sabotaje sobre la red eléctrica que crean desconcierto en las ciudades; allí se registró, al año, el mayor número de muertos. Tras una etapa (1987-1988) en la que las acciones y sus efectos de muerte disminuyen, un segundo ciclo se desplegó con intensidad desde 1989 hasta fines de 1992; su espacio principal fue la selva (la cuenca del Huallaga y la selva central principalmente) y las ciudades (Lima, Huamanga y Huancayo se convierten en territorios de guerra). Otras historias regionales empiezan también a desarrollarse en este período; es el momento en el que el PCP Sendero Luminoso intentó extender la lucha campesina por la tierra en Puno y que columnas subversivas buscaron desplegar estrategias de control en el norte del país. Tras la captura de Abimael Guzmán Reinoso en septiembre de 1992 y la desarticulación del núcleo subversivo principal, la violencia tuvo prácticamente como único escenario la selva. Cuando este mundo de igualdad y justicia se convirtió en un territorio de guerra y se produjeron contradicciones por el nuevo poder, estas zonas rojas, sedes de bases de apoyo y Comités Populares, paulatinamente, conforme la estrategia contrasubversiva, pasaron de la represión generalizada a la búsqueda del apoyo de la población local; así se fueron constituyendo los Comités de Autodefensa que terminaron por eliminar, en alianza con las fuerzas del orden, la presencia del PCP Sendero Luminoso en el campo andino y lo obligaron a desplazarse hacia las ciudades y hacia la selva.

Esto conduce a que en la última etapa, entre fines de 1989 y la primera mitad de 1992, el PCP-SL intente controlar espacios mas organizados, sobretodo las organizaciones populares. No obstante, no pudo llegar a controlarlos porque estaban involucrados en una dinámica participativa. Así tenemos que cuando entra a la zona urbana en la ciudad de Lima intenta captar sectores más amplios y públicos, dándose entonces la consolidación de una significativa presencia en los sectores populares, hechos que parecían ser la cristalización del cerco a la ciudad que Abimael Guzmán anunciara en la «Entrevista del siglo» (1988) como parte del equilibrio estratégico.

Lima Metropolitana, en sus asentamientos populares periféricos, fue uno de los espacios de intensa agitación y proselitismo subversivo. Captar a una población obrera (el sujeto de la revolución) y miserable rodeando el centro del poder nacional fue un objetivo político y militarmente estratégico de los grupos alzados en armas. Las organizaciones alzadas en armas desarrollaron una sistemática labor de penetración entre pobladores de asentamientos humanos populares con el objetivo de captar a los directivos (o directamente la dirección) de las organizaciones sindicales, barriales y de subsistencia. Estos asentamientos populares —organizados en torno a los tres grandes ejes de articulación de Lima, la Carretera Central, la Panamericana Norte y la Panamericana Sur— constituían, en la estrategia subversiva, el cinturón de hierro que ahogaría al centro político y económico nacional.


Lima constituía un espacio vital para la gestación y formación de militantes, cuadros políticos y combatientes del PCP- SL. Esta población inmigrante, conjuntamente con pobladores de tugurios y callejones, es la que organiza invasiones de tierras en las afueras de la capital, construyendo viviendas precarias y luchando por obtener servicios básicos. Los pobladores, en el esfuerzo por sobrevivir, generaron diversas formas organizacionales para enfrentar colectivamente problemas básicos de alimentación, salud, etc. Se gestan así múltiples organizaciones al interior de las barriadas, que variarán en su conformación y sus objetivos a lo largo de los años pero serán objetivo central de la actividad subversiva en Lima, donde la combinación de la crisis económica y el colapso de los mecanismos mediadores tradicionales entre Estado y sociedad colocan el telón de fondo sobre el cual el PCP-SL, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru y las Fuerzas del Orden realizan sus acciones organizativas y operativas en Lima, especialmente después de 1988 .(No es una certeza neta pero es muy razonable objetivamente esta calificación de Lima como el lugar de comunicación más amplia.)

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